Finalmente llegue a mi destino en China: Nanjing, Jiangsu, a 303 kilómetros de Shanghai, hacia el noroeste.
Este ha sido un proceso de meses desde Costa Rica para venir aquí, de tomar tantas decisiones: desde dejar mi trabajo, hasta vender las cosas de mi casa, las cuales representaban mi independencia, mi libertad de decisión en muchos sentidos.
Lo que pasé ayer para llegar aquí fue no solo agotador, sino también temerario. Sabía que sería difícil, pero vivirlo es otra cosa, la imaginación pocas veces alcanza las sensaciones que te da la realidad.
Con el vuelo todo salió bien, según lo planeado: 2 horas hasta Chicago y luego buscar la puerta para el avión hasta Shanghai. No cambiaron la puerta sorpresivamente, como me pasó en Miami, y más bien tuve como 40 minutos hasta empezar a embarcar.
El vuelo duró una eternidad, como se suponía. Tuve que levantarme varias veces a caminar por el avión, pues me dolía todo el cuerpo. Después de 10 horas de vuelo, sentís que todo te estorba, que el cuerpo te pesa como una tonelada y no cabe en el asiento que se hace cada vez mas peque;o. Envidiaba a los de clase ejecutiva, pues sus asientos se extienden hasta quedar prácticamente acostados. Yo anhelaba una cama como lo más, pero bueno, sobreviví y el avión llegó al aeropuerto Pudong, en Shanghai, unos 30 minutos antes de lo planeado.
Luego, caminar a Inmigración. Se tomaron unos minutos para revisar mi pasaporte, incluso me hicieron firmar en un papel para comparar la firma con la del pasaporte. Parece que el papel era un poco extraño para ellos, pues lo revisaron con una especie de lupa para buscar no sé qué que tampoco sé si encontraron, pues no entendí nada de lo que dijeron.
Ahí empezó la aventura de estar incomunicado, hablar y que nadie te entienda, que te hablen y no tener idea de lo que te dicen.
Bueno, pasé Inmigración sin problema; luego recoger el equipaje que fue muy rápido, pasarlo por una máquina de rayos X, todo bien. Luego, debía ir a buscar el bus para venir a Nanjing, que estaba anunciado en las pantallas del aeropuerto. Debía buscar la puerta #15, cruzar la calle y ahí estaría la estación de los buses de larga distancia, uno de los cuales me traería directamente a Nanjing.
Salí del aeropuerto, como me dijo la chica a la que le pregunté en inglés y que algo pudo decirme al respecto. Cuando crucé la calle, había un hombre buscando no sé qué, me preguntó a dónde iba, le dije que a Nanjing. Los buses estaban en un segundo piso y yo estaba sobre la calle, supuse que habría un ascensor, pero nunca lo encontré. Tuve que subir las maletas por dos juegos de gradas, bueno, pensé que la cosa era hacerlo rápido.
Vi que había una ventanilla para tiquetes. Fui allá y ¡ah sorpresa!, como me dijo el hombre que estaba en la calle abajo (al que no le creí porque pensé que quería ofrecerme un taxi o algo), no había buses para Nanjing. Según la mujer, no ese día, ni ningún otro. Por eso, debía ir hasta la estación del tren en Shanghai centro. Me aconsejó tomar el bus del aeropuerto hasta allá.
Ok, qué más hacer, pensé, pues buscar el tal bus. Antes de venir aquí, habia leido que las opciones para ir a Nanjing eran solo el bus o el tren. Encontré entonces el ascensor para volver al aeropuerto y preguntar por el bus #5 que me llevaría a la estación de trenes en Shanghai.
Una mujer me recibió con no mucha amabilidad, metí mis maletas en el maletero (pues no creás que la gente te ayuda a cargar el peso, no les gusta mucho hacer esfuerzos físicos, creo) y me subí al bus, sin entender muy bien a quién pagar el pasaje o cuánto costaba, pero nos fuimos.
Tampoco tenía idea de cuán cerca o lejos estaba de la estación de trenes. Empecé a leer el Lonely Planet para tratar de ubicarme mejor en un mapa y encontrar el lugar a donde iríamos. Luego de mucho leer, lo encontré en un mapa, sin embargo, aún así no sabía a qué distancia estábamos de allá.
En fin, luego de dormir unas 3 ó 4 horas en dos días, estaba agotada, aún así leí en el bus, me dormía a ratos sin darme cuenta, veía la ciudad, etc. Shanghai es inmenso, con edificios gigantescos, como los de Nueva York, pero en un espacio físico muchísimo más grande. Los edificios parecían de apartamentos u oficinas, no lo sé bien, pero gigantescos.
Otros barrios por los que pasamos lucían más “hacinados”, caseríos con mucha gente en las calles y ropa tendida en las ventanas de los segundos pisos, bueno, más bien en especies de tendederos de metal colgados frente a las ventanas.
Las autopistas también son gigantescas, de mínimo cuatro carriles en cada dirección, como los llamados “free-ways” gringos, con una calles encima de otras, como culebras de cemento que cubren toda la ciudad.
Llegamos a la estación de trenes en unos 40 ó 45 minutos. Había mucha gente esperando el bus, sobre todo hombres, los cuales se tiran "encima" de vos para ofrecerte transporte. Era difícil entender qué querían, pues su inglés es apenas para decir los nombre de las ciudades o “bus” o “train” o “taxi”.
Recogí mis maletas (las cuales odié a cada momento pues pesaban mucho, más el bolso con mi computadora, me hizo todo mucho más difícil) y me fui con dos chinos que me ofrecieron tomar un bus hasta Nanjing. Leí en el Lonely Planet que tomar el tren es difícil para un extranjero, más aún cuando no habla chino, pues hay diferentes tiquetes, de distintos precios, a un mismo lugar. Además, parece que es un caos dentro de la estación y tenés que comprar el tiquete a gritos. No quería pasar por eso, por lo que mi primera opción sería encontrar una estación de buses hacia Nanjing.
En fin, no sé por qué, pero me fui con uno de los hombres en una moto-taxi. Fui muy divertido ir en un espacio tan reducido con mis maletas. Llegamos a una esquina como a los tres minutos, y había un bus que estaba por partir. Una mujer en el bus gritaba como loca a los hombres y a mí, no entendía nada por supuesto y el chofer del bus arrancó. Una de mis maletas ya estaba en el maletero y la otra no. El hombre me pedía el dinero, yo le decía que pagaría la plata en el bus (porque luego de irme con él y regatear un pago de 150 yuanes por el viaje, pensé en si quería los Y150 solo por ese viaje en moto-taxi o hasta Nanjing. Traté de preguntarle y me dijo que Nanjing, Nanjing, pero ninguno de los dos nos entendimos, la verdad).
Finalmente, la mujer seguía gritando, abrió el maletero, bajó mi maleta, se subió en el bus y este arrancó. Se fueron, dejándome en medio de la calle con el hombre pidiéndome “Money, Money” y yo totalmente perdida. En eso vi un taxi venir, lo paré, subí mis maletas y no le di un centavo al hombre. No sabía cómo iba a reaccionar, pero solamente decía “Money, Money for the trip”. Le dije en español: “no hiciste nada, el bus se fue” (como si me entendiera), me subí al taxi y él solamente sonrió y se fue resignado.
Dice una canción que “la vida es eterna en 5 minutos”. Con esta experiencia lo vi en primera fila, no solo porque me permitió ver cómo funciona, más o menos, el rol de esta gente que espera a los viajeros en la calle, sino también porque (por suerte) encontré una gente china que busca tu plata, pero tampoco te hace daño. El hombre pudo haber sido agresivo o algo conmigo, pero no lo fue, por suerte. Nunca me tocó ni mucho menos y finalmente se fue sonriendo. La experiencia fue frustrante pero no terrible. Supongo que mi viaje será así en muchísimas ocasiones.
Una vez en el taxi, decidí ir a la estación de buses que venía en el Lonely Planet, cercana a la de trenes. Le enseñé la dirección al taxista, quien me llevó en unos 7 minutos. Me costó Y11.
En la estación, de nuevo estaba la gente pidiéndote plata para llevarte las maletas en un carrito o cualquier cosa. Esta vez solo decía: no no, y los ignoré. Hay que pasar las maletas por rayos X en cada estación, entré y le dije a un hombre: Nanjing, Nanjing. Este me dijo: no no, yo pensé: qué??. Me dijo: no, Nanjing y se fue a traer a una mujer.
La mujer mascullaba el inglés, pero fue suficiente como para explicarme que en esa estación de buses no había transporte a Nanjing, debía ir a otra. Me señaló la estación de trenes, le pregunté varias veces si en la estación había buses también. No nos entendíamos mucho, hasta que le pregunté por el número de calle, me lo escribió en un papel en inglés y chino para enseñarle al taxista.
De nuevo volver a salir para tomar un taxi. Dios, estaba cansada, confusa, asustada, preocupada, de todo, pero tomé otro taxi y le enseñé la dirección que me habían escrito. El me repitió, en chino, que era una estación de buses como aquella en que estaba. Le dije: shí, shí, pero para ir a Nanjing. Ok, nos fuimos pero tardamos más tiempo, por lo cual me preocupé de que hubiera entendido que quería ir hasta Nanjing o algo así. Le volví a enseñar la dirección y me dijo, con señas, que ya casi llegábamos. Pagué Y17, porque estaba algo lejos, pero me enseñó dónde debía ir.
De nuevo, mucha gente en la calle, carros, taxis, bicicletas, gente preguntándote no sé qué cosas. Yo lo ignoré todo y caminé hasta la estación. En la puerta, el hombre me explicó dónde comprar el tiquete. Una vez comprado, les pregunté los detalles: la puerta a la que ir, la hora (7 de la noche) y el lugar (2do. piso de la estación).
De nuevo, tuve que pasar las maletas por los rayos X y el encargado me preguntó (entendí por las señas) si lleva algún tarro con spray. Abrí la maleta para que viera y le enseñé uno. Me pidió volver a pasar la maleta pues era más bien un tarro metálico lo que buscaba. Me acordé que tenía uno y se lo enseñé (el gel para rasurarse). Quedó tranquilo y me dejó ir. Luego no encontraba la llave de los candados de la maleta. La había dejado adentro. Los hombres sonrieron y me despidieron.
Para ir al segundo piso, solo había escaleras eléctricas. No es muy fácil moverse con dos maletas de 50 kilos una y unos 30 la otra, pero las subí a como pude en las escaleras y fui a buscar la puerta #8 del bus a Nanjing. Eran las 6:20 de la tarde, más o menos. Estaba a tiempo para descansar un poco antes de partir.
Una vez allá, me aseguré de preguntarle a una mujer –que mascullaba el inglés, también- si esa era la puerta correcta. Me explicó que el #3 que venía en el tiquete era el asiento del bus.
Ok, fui un momento al baño y me encontré con otra experiencia interesante, pues era un hueco en el piso, con un caño por donde corre agua cada cierto tiempo y sin puertas, así que pude ver a una señora, como mi madre o más, orinando o no sé qué, lo mismo que al resto de las mujeres. Fue bastante extraño escuchar y ver esto, me hizo reír.
Como a las 6:50 le pregunté al hombre de la puerta si el tiquete estaba bien. Me hizo señas de volver a sentarme pues aún no era tiempo de abordar. 5 minutos antes de las 7 entré al bus. Le pregunté al chofer, con el mapa, a qué parte de Nanjing iríamos. Me explicó, más o menos, y me dijo que debía tomar un taxi para ir al Hotel Nanshan, en la Universidad.
En fin, así partió el bus, que duró casi 3 horas y media, por lo que dormía, miraba el camino, dormía, hasta que llegué a Nanjing. Parece una ciudad también grande, más similar a las dimensiones de Nueva York, digamos, por lo que pude ver. Una vez abajo, de nuevo había mucha gente preguntándote a dónde ibas y si te llevaban. Solo le pregunté a un hombre: ¿taxi? Me dijo que sí y me fui con él.
Le enseñé la dirección del Hotel Nanshan con el Lonely Planet y en unos 10 minutos llegamos. Pagué Y16. Finalmente estaba en la recepción del hotel. El lugar que había buscado hacer toda la tarde, finalmente había llegado. Por fin, me sentí más segura.
La recepcionista me hizo algunas preguntas con un inglés básico, confirmó que me quedaría aquí un año y me informó que debo pagar Y500 de depósito por la llave, pero no tenía dinero, así que quedé en dárselos al siguiente dia, luego de ir al banco. Le pedí un mapa de la ciudad y dijo no tener (muy raro para ser un hotel, pero bueno). Luego me indicó a qué cuarto ir, añadiendo que ya había una persona aquí.
Una vez frente al cuarto, escuché risas de mujeres, así que mejor toqué la puerta para no asustarlas y, efectivamente, había cuatro chicas comiendo y hablando. Me recibieron con mucha amabilidad y, por suerte, al menos dos de ellas hablaban inglés.
La que está en el cuarto conmigo se llama Thai, es una muchachita de Laos, pero también se queda otra chica de Laos que vino con ella a la universidad. Parece que se van el domingo a la Escuela de Economía de la U, así que vivirán a más o menos una hora de aquí. Quizás por eso la otra no tiene cuarto ya.
Las otras dos chicas eran una de la ex Yugoslavia y la otra de Korea. Muy amables todas, por suerte, me sentí bien recibida y me dieron ropa para poner en la cama porque aquí no te dan nada. Hay que comprar todo: desde la ropa de cama, hasta el papel higiénico y el basurero.
Estas chicas ya llevan un año aquí, así que tienen de todo, pero cuando se vayan, me voy a quedar sin nada. En fin, me preocuparé por eso luego.
Ahora, debo ir a bañarme para inscribirme en la Universidad, buscar el banco, hacer algunas compras. Será otro día de aventuras, sin duda.
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