viernes

Honk Kong 4. Sheung Wan, Central y Almiralty.




























































En nuestro tercer día en Honk Kong nos fuimos a conocer Central, que es el principal distrito comercial de las islas y donde se pueden ver los rascacielos más impresionantes de la ciudad.

Al oeste está Sheung Wan, que es más "tradicional", y al este, Admiralty.

Entre Sheung Wan y Central hay un área famosa por sus tiendas caras, restaurantes, vida nocturna, etc. llamada Soho.

Todo esto lo recorrimos a pie, tratando de seguir la recomendación de nuestro libro guía. Así fue como llegamos a las escaleras eléctricas más largas del mundo, llamadas Mid-Levels Escalator, pues transportan a los caminantes durante 800 metros desde Queens Road, via Soho, hasta Conduit Road, en solo 20 minutos. Además le ahorran a uno mucha fatiga, pues estos 800 metros son todos cuesta arriba.

Una vez arriba, hacia el oeste, nos fuimos para el Templo Man Mo, construido en 1847, uno de los más viejos de Honk Kong. Este está dedicado al dios de la guerra Kwan Yu, que fue nombrado después de la Dinastía Han, y a Man Cheung, una deidad civil nombrada en el siglo III. Estos dioses son los favoritos de los policías y las sociedades secretas como las tríadas.

Dentro del templo había mucha vida, gente orando, quemando incienso, dejando ofrendas, que son normalmente frutas o panes. Nosotros entramos muy fácilmente y nos permitieron tomar fotos sin problemas (las mías, con cámara de rollo, por eso no pude ponerlas aún en esta nota, hasta que las escanee. Las que aquí aparecen fueron tomadas por José Pablo).

Más hacia el norte, nos encontramos con el Western Market, construido en 1906, un edificio relativamente pequeño, con tiendas donde se pueden comprar textiles, souvenirs, etc.

En sus alrededores, había un lugar más interesante aún: tiendas de mariscos y pasta de camarones secos, hierbas medicinales como ginseng y productos "peculiares" como nidos de pájaro (para hacer sopa), aletas de tiburón y ofrendas de papeles funerarios (para los muertos).

Cruzando Queen's Road Central, llegamos a la calle Possession, donde se levantó por primera vez la bandera británica en 1841.

De esta zona, empezamos a caminar hacia Central y Almiralty, donde nos encontramos con el Parque Honk Kong, el cual alberga 90 especies de aves, así como un Museo del Té -con conexión inalámbrica de Internet, como en casi todos los parques de la ciudad, lagos, áreas para hacer ejercicios, etc.- y la Catedral de San Juan, construida en 1847, pero abierta hasta en marzo de 1849, lo que la hace el segundo edificio más antiguo de Honk Kong.

Su estilo es una adaptación del Gótico Decorado Inglés de la primera mitad del siglo XIII, muy popular para construir iglesias en ese momento. Durante la ocupación japonesa de Honk Kong, entre 1941 y 1945, la Catedral fue convertida en un club para los japoneses, de modo de muchas de sus piezas originales fueron destruidas.

lunes

Honk Kong 3. Ocean Park.















































Al día siguiente de llegar a Honk Kong nos fuimos a conocer el Ocean Park que, junto con Disneylandia, es uno de los destinos favoritos de los chinos que visitan las islas del sur.

Este parque contiene tanto elementos educativos como de pura diversión, como montañas rusas y juegos mecánicos, así como dos acuarios, un aviario y una pequeña reserva de osos pandas, rescatados de lo que quedó del bosque arrasado por el terremoto de mayo del año pasado. Además, hay shows durante todo el día en las diferentes "estaciones" que ofrece.

El parque también permite disfrutar de increíbles vistas de la bahía de Honk Kong, pues cuenta con una torre giratoria con una vista de 360°, mientras que desde las montañas rusas y el Teatro del Océano se puede ver el mar en todo su esplendor.

Ese día hizo un sol lindísimo, así que disfruté mucho del parque, especialmente del show de delfines y focas, así como de la belleza de los pandas.

Antes de empezar el show de los delfines, apareció un grupo musical para entretener al público. Estaban vestidos con atuendos "chinos", pero empezaron a tocar algo parecido a música latina. Al oírlos, Jose dijo: "solo falta que toquen jugo de piña", y 5 segundos después empezaron el show precisamente con esa cumbia. Fue tan curioso que no podía parar de reírme y resultaron ser músicos latinoamericanos, efectivamente. Luego tocaron un merengue o algo parecido, no recuerdo bien, pero fue muy curiosa la situación y yo disfruté bastante de escuchar "nuestra" música en un lugar tan lejano, a la que los cantoneses también respondieron bastante bien.

Luego hubo un espectáculo del baile del dragón y, finalmente, aparecieron los delfines y focas, los que encantaron a todo el público.

Nos fuimos a la parte baja del parque en teleférico, el que también ofrece una vista espectacular de esa parte de Honk Kong y, por último, nos fuimos a ver los pandas y a disfrutar de su serenidad y aparente falta de preocupaciones. Verdaderos tesoros sobrevivientes del terrible terremoto del año pasado.

viernes

Honk Kong 2










Nuestra travesía hacia Honk Kong empezó el martes 2 de febrero, cuando Jose y yo tomamos el tren de las 5 de la tarde en la estación de Shanghai. En él pasaríamos las próximas 18 horas, atravesando el sur de China hasta la provincia de Guangzhou o Cantón, a la que pertenecen los 1.103 kilómetros cuadrados de territorio que conforman las cuatro áreas honkonesas, o sea, las islas de Honk Kong, Kowloon, Nuevos Territorios e Islas Periféricas (ver: http://www.discoverhongkong.com/eng/).
Nuestra cabina en el tren era para cuatro personas y nos tocaría dormir en las literas superiores de los camarotes, según los tiquetes que compramos. A pesar del espacio reducido y de tener que ser relativamente ágil para subir y bajar de ellas, las camas eran bastante cómodas y limpias, así que nos sentimos a gusto desde el primer momento, aunado a nuestros compañeros de viaje: un profesor de Ingeniería de Nanjing, quien se comunicaba bastante bien en inglés, por lo que disfrutamos de su conversación durante largos ratos del viaje, y un señor originario de Honk Kong, quien vive en Shanghai desde hace muchos años.
Ambos viajeros iban a las islas para visitar familia o por negocios, como lo hacen cada año, así como a comprar algunas cosas. Con el segundo señor no conversamos pues hablaba solo el dialecto de Shanghai, que ni yo ni Jose conocemos, sin embargo, tambien se comportó amablemente durante todo el viaje.
Las 18 horas pasaron relativamente rápido, pues unas ocho estuvimos durmiendo, así que en realidad el viaje se hizo ligero. Al llegar a Honk Kong revisaron nuestros pasaportes y visas, pues ésta es una Región Administrativa Especial en China. De hecho, al referirse a ella, el gobierno chino la ha declarado como parte de un solo país, pero con dos sistemas: el británico y el asiático.
Los ticos no necesitamos visa especial para ir allá, pero sí requerimos tener una para volver a China. Jose y yo tenemos permiso de residencia por un año, así que nos permitieron quedarnos en Honk Kong durante un mes.
Una vez que pasamos por Migración, nos fuimos a comprar la tarjeta de transporte llamada Octopus o Pulpo, pues con ella se puede viajar en cualquier medio de la ciudad: desde el bus hasta el metro, tranvía, taxi, además de poder usarla en supermercados, restaurantes, etc.
Cuando la compramos, nos fuimos a buscar el metro para llegar a nuestro hostal, cuya dirección teníamos bastante clara, pues el administrador nos la había enviado por Internet.
Después de unos 20 minutos en tres subterráneos diferentes, llegamos al área del hostal: Causeway Bay, una de las más movidas comercialmente hablando, llena de "malles" y tiendas de marcas reconocidas.
El Hostal Honk Kong está ubicado en el tercer piso del edificio de apartamentos. Su administrador, Sam, un cantonés bastante amable, nos recibió y dio la llave de la habitación, la que por dicha estaba bastante limpia y era suficientemente cómoda para dos personas.
Una vez que acomodamos nuestras maletas, nos fuimos para Kowloon, al área de los museos de Honk Kong, buscando aprovechar que los miércoles son gratis.
Volvimos a tomar el metro y, una vez allá, decidimos entrar al Museo de Arte, donde observamos una exposición de un artista chino y algunas exposiciones pequeñas.
Además, nos fuimos a buscar tiquetes para asistir a algún evento del Festival de las Artes que empezaría esa semana, sin embargo, ya todos estaban vendidos, así que tuvimos que conformarnos con quedar en una lista de espera para que nos llamaran en caso de devolvieran algún tiquete, lo cual lamentablemente nunca pasó.
Nos fuimos entonces a caminar por los alrededores de Kowloon y quedé impresionada por la cantidad de tiendas y gente en las calles, así como por la hermosa vista de la bahía. Luego, conocimos los nombres de algunos actores famosos del cine cantonés, cuyas estrellas están puestas en la Avenida de las Estrellas, entre ellos, los más conocidos para nosotros, Bruce Lee y Jackie Chan, el cual tiene su propio gimnascio en la ciudad.
Ese fue nuestro primer encuentro con Honk Kong y su gente, el cual nos dejó sumamente satisfechos, aún más cuando pude darme el gusto de comer semillas de marañón, luego de 5 meses de no probarlas, ya que en el continente -Nanjing- son muy muy caras.

Honk Kong 1










Honk Kong y su grupo de islas son llamados "La Perla de Asia" y, como tal, son un lugar atractivo, seductor, caro y que uno quisiera llevarse "para la casa" sin duda, en mi caso sobre todo por su limpieza y organización envidiables.
Allí encontré movimiento constante, gente de todas nacionalidades, comercio y negocios a gran escala, es un "mall" instalado en una isla, lo que le agrega hermosas vistas de la bahia, el sonido del mar, el olor a pez, el clima cálido y el sol durante casi todo el día. Yo no pediría más de un lugar para vivir, tan solo que fuera más barato y accesible para mí, claro.
Como estudiante becada, mi presupuesto no daría para sobrevivir en un lugar así: mientras en Nanjing, donde vivo ahora, un almuerzo me cuesta 5 yuanes en el comedor estudiantil, en Honk Kong comprábamos comida en el supermercado, porque era más barata, y nos costaba unos 20 yuanes.
Usar el metro en Honk Kong cuesta entre 7 y 8 yuanes por viaje, mientras que en Nanjing sale a 2 y en Shanghai a 4; sin embargo, ni en Nueva York, ni en Suiza, que son de las ciudades más "desarrolladas", famosas por sus sistemas de transporte, por ejemplo, vi el orden y la limpieza que hay en ese grupo de islas. Los baños públicos son el mejor modelo.
Por otra parte, de cada 10 cantoneses que caminan por la calle (son la mayoría de la población en Honk Kong), uno se topa con dos o tres extranjeros, mayoritariamente ingleses que trabajan en los bancos o grandes compañías de negocios, instalados en los "malles" que hay en casi cada esquina. También hay muchos hindúes, quienes te ofrecen comprar carteras o relojes de imitación por una "módica" suma, e indonesios, como las mujeres musulmanas de la foto.
La historia "multiétnica" de las islas ha hecho que los locales estén acostumbrados a convivir con extranjeros, por lo que nuestra cara de ticos no causó tanta sorpresa entre la gente, como sí me ocurre todos los días en Nanjing. De hecho, casi toda la gente habla cantonés como primera lengua e inglés como segunda, así que comunicarnos con la gente fue muy fácil, así como movilizarnos por la ciudad, pues todos los lugares turísticos están muy bien señalados en las calles y estaciones de metro.
En los supermercados se puede encontrar cualquier producto del mundo "occidental", lo que es difícil o caro de comprar en "mainland" o el continente, como le llaman al resto de China.
En mi caso, la comodidad me atrae más que la rusticidad, así que me intriga cómo los ingleses y cantoneses lograron una ciudad con este nivel de desarrollo, es lo que me queda por investigar. Los alcaldes del resto del mundo también deberían estudiar la ciudad con detenimiento.