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Nanjing. Tumbas de la Dinastía Ming



































































La primavera por fin ha empezado a asomarse en Nanjing, lentamente pero a paso firme. En las últimas semanas ya no hemos tenido que sufrir temperaturas de 2, 3, 4 grados o menos, por fin el termómetro cedió y ha subido hasta los 20, que ya es mucho decir. La lluvia continúa esporádicamente, lo que baja un poco la tibieza, pero no a menos de 14 grados.

Cada año, desde el último sábado de febrero hasta la tercera semana de marzo, Nanjing celebra el Festival Internacional de la Flor del Ciruelo, el árbol típico de la ciudad.

El domingo 15 de marzo, Boyana y yo nos fuimos para la Montaña Morada -Zijin Shan-, donde se celebra la Feria, a disfrutar un rato de la naturaleza, salirnos de nuestras "cuatro paredes" y ver los árboles en flor.

Una vez en en la Montaña, caminamos por varios lugares y decidimos entrar a la Feria por la parte donde, además, podíamos ver las Tumbas de la Dinastía Ming Xiaoling. Excelente decisión, pues el lugar fue no solo relajante, a pesar de la cantidad de gente, sino también interesante.

En estas tumbas del siglo XIV reposan los restos del emperador Zhu Yuanzhang, el único de la Dinastía Ming sepultado fuera de Beijing.

Se les llamó xiaoling o tumbas filiales luego de la muerte de la emperatriz Ma, también enterrada aquí, cuyo apodo era la Emperatriz Filial.

La primera sección de la avenida que lleva al mausoleo es un camino "espiritual" alineado con estatuas de piedra de leones, camellos, elefantes y caballos. También hay un animal mítico llamado xie zhi -con melena y un único cuerno en la cabeza-, así como un qilin, el cual tiene el cuerpo escamoso, cola de vaca, pezuñas de ciervo y un cuerno. Estos animales de piedra alejan los malos espíritus y cuidan las tumbas.
Al entrar al primer patio, uno se encuentra con un camino pavimentado que lo lleva a un pabellón lleno de estelas. La siguiente puerta lleva a un gran patio que incluye la Pagoda Linghun. Detrás de la torre hay un muro de 350 metros de diámetro, que rodea un gran montículo de piedra y detrás de dicho montículo está la bóveda de la tumba de Hongwu, la cual aún no ha sido excavada.

Boyana y yo caminamos por aquellas Tumbas, observando el lugar y a los cientos de chinos que descansaban en sus gradas, haciendo "pic-nics" improvisados y comiendo, como es su costumbre, alas, patas, cuellos, de pato frías.

Nosotras llevábamos un almuerzo más "natural", preparado en su mayoría por Boyana: zanahorias, pepinos, chiles en limón, galletas soda, frutas, jugos y chocolates para "recuperar" energía.

Entonces, nos sentamos en uno de los jardines del lugar, bajo un ciruelo en flor, por supuesto, para conversar, comer y "analizar" el mundo chino que nos rodea, siempre curioso para nosotras, aún para ella que ya lleva 3 años aquí.

Por ejemplo, le contaba que uno de mis amigos chinos, una noche después de bailar salsa, cuando fuimos con mi amiga ecuatoriana a comer algo pasada la medianoche, no quiso que yo pagara la cerveza que íbamos a tomar, porque él pagaría el resto de la cuenta y el cajero -porque no sé por quién más estaba preocupado- pensaría que él era el novio de Lucía, ya que estaba pagando su sopa -pues yo no quise comer nada-.

Así, en 5 segundos este amigo se creó una "telenovela" de lo que iba a pensar el cajero -una persona importantísima en su vida, según parece- en cuanto a su relación con nosotras. No sé cuál fue la motivación real, que fuéramos extranjeras, quizás, pero él estudió en un país de Asia muy occidentalizado, así que es raro que tuviera ese comportamiento. Mi amiga serbia me explicó que, desde su punto de vista, para los chinos la imagen, en tanto prestigio, es muy muy importante, de ahí que den tanto poder a lo que los otros piensan de ellos.

En este caso, igual me sigue pareciendo increíble que mi amigo se preocupara por lo que pensaba un cajero de él, sin menospreciar al cajero, pero era un perfecto desconocido para todos y, pasada la medianoche, no creo que nadie se ponga a especular sobre las relaciones de los demás. Bueno, quizás me equivoco, en China todo es una sorpresa constante para mí.

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