8 de febrero. 5:15 de la mañana. Mientras yo dormía plácidamente en la habitación de mi hostal, un primer grupo de corredores despertaba a los vecinos de Island Eastern Corridor, en Nathan Road, Tsim Sha Tsui, al arrancar la famosa carrera de 10 kilómetros, en la cual participaron, este año, 51.272 corredores.
Alrededor de las 8 de la mañana, también a mí me despertaría otro grupo de corredores, pero ya acercándose a la meta en el Parque Victoria, a tan solo una cuadra de nuestro hostal.
Me levanté entonces para arreglarme y ver la llegada de lo que yo creía serían unos cuantos corredores, pues no conocía mucho acerca de esta carrera; sin embargo, en alrededor de una hora, observé cientos de participantes entrando a la meta.
Unos con atuendos curiosos, como disfraces de tigres o pandas, otros con la ropa usual de correr, pero todos con la ilusión y el empuje de llegar hasta el final, de vencer el frío con el que arrancaron y luego la humedad que ya aparecía desde primeras horas de la mañana.
La organización de esta carrera es, de hecho, sumamente detallada por su fama local e internacional, al menos en Asia. Esto incluye arreglo de vías, tranporte, control de la gente que asiste y participa, uso de servicios públicos, etc.
Alrededor del hostal todas las calles estaban cerradas, pero policías se encargaban de ayudar a la gente a cruzar las calles en lugares específicos, de forma que no se atravesaran a los corredores en cualquier momento o lugar -qué diferencia con las carreras en mi país, donde la gente cruza cuando y donde le da la gana-.
En cuanto a los participantes, la mayoría eran honkoneños, pero también muchos africanos, ingleses, italianos, japoneses, desde los 10 años de edad hasta los 71. Los ganadores fueron dos kenianos, hombre y mujer, con 2:14 y casi 3 horas de carrera, respectivamente, con lo cual ganaron un premio de HK$20.000.
Fue agradable ver el disfrute de la gente ante la llegada de los corredores al Parque Victoria y luego las presentaciones de porristas, grupos de baile, etc., para entretener al público, pero también para celebrar todos juntos la carrera, como un evento público importante para la comunidad.
Luego, durante todo el día el Parque Victoria estuvo lleno de gente y aún a las 7, 8 de la noche, cuando la carrera había acabado, la gente estaba reunida con amigos haciendo "pic-nic", sentados en mantas en el piso, comiendo, charlando, relajándose, antes de empezar una nueva jornada al día siguiente, lunes, cuando la vida volvería a la rutina diaria.
Para nosotros, el lunes sería nuestro penúltimo día en estas maravillosas islas. Por suerte, aún nos quedaba tiempo para disfrutarlas.
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