Todo viaje tiene su final y en este caso, gracias a Dios, el tren eterno tenía una última parada, a la cual llegamos a las 3 de la tarde.
Por fin estiramos las piernas y nos dirigimos a la salida de la estación de trenes. Ahí, empezó a acercarse la gente que, con su rudimentario inglés, nos ofrecía transporte para Tankou.
En 30 segundos, le pasan a uno por la cabeza toda clase de cosas: me quieren llevar a donde no necesito ir para sacarme dinero, tengo que ir a este lugar o no, cuánto tengo que pagarles... en fin. Solo dudas mientras alrededor la gente te grita ofreciéndote los servicios.
Entonces, pensamos que lo mejor era llamar al hotel para preguntar cómo llegar. Llamamos y nos dijeron que, efectivamente, debíamos ir a Tankou y pagar 18 yuanes cada uno por el transporte.
Nos fuimos con los primeros que nos ofrecieron el servicio y luego de esperar unos 20 minutos a que consiguieran más pasajeros, nos fuimos. Pensamos que estábamos cerca del pueblito, pero en realidad estábamos como a 25 minutos de ahí.
Fue interesante ver cómo, en un lugar "rural", de montaña, los chinos tienen carreteras de primer nivel, serpientes que se cruzan unas sobre otras en plena montaña, y con el asfalto como recién puesto. En fin, totalmente avanzados en eso.
Finalmente llegamos a Tankou y nos dejaron frente a un hotel. Ahí, el Sr. Wu, un chino que habla inglés, nos ofreció llevarnos a nuestro hostal, pues él iba de regreso al suyo que estaba casi a la par.
Nos preguntó si ya habíamos pagado y le dijimos que sí, pues habíamos dado un depósito de $3 para hacer la reservación. Nos dijo que su hotel era más barato, así que podíamos quedarnos ahí y su restaurante tenía menú en inglés.
Sin embargo, le dijimos que teníamos una reservación en el hostal de jóvenes. Cuando llegamos, nos enseño dónde quedaba. Ahí, le enseñamos al encargado el número de la reservación, como decía en Internet; sin embargo, no entendió ni papa, por lo que se fue a llamar a una vecina o familiar, no supe quién era, que hablaba algo de inglés.
Ella vino y nos fuimos a la computadora para enseñarle directamente la reservación que habíamos hecho. La vio y nos dijo que estaba bien, pero que los precios en ese momento eran otros, pues ahora era la temporada alta y los precios de la página web eran de temporada baja, así que debíamos pagar dos veces más de lo que decía ahí.
Le dije que debían explicar eso en el Internet entonces, pues habíamos hecho reservaciones ahí para aprovechar los precios que anunciaban.
Le pregunté si nos devolverían los $3 que habíamos pagado por reservar y me dijo que si nos quedábamos, nos los valdrían, pero si nos íbamos, los perdíamos, pues los $3 se los ganaba la página web y no el hotel.
En fin, me molesté mucho con la situación, pues de qué sirve hacer reservaciones si cuando uno llega, todo vale mucho más caro, es algo totalmente ilógico, pero lógico en China, así que qué íbamos a hacer. Nos fuimos a buscar otro lugar y otros precios, al menos para no darle gusto al viejo usurero.
El Sr. Wu fue el beneficiado, pues nos fuimos a ver cuánto nos cobraba por dos noches y considerando que, al menos, hablaba inglés, tenía puntos a favor. Nos cobró 50 yuanes por la noche, por cada uno, así que decidimos quedarnos ahí, aunque el cuarto no fuera precisamente el más limpio del mundo.
Le pagamos a la Sra. Wu y su hija y nos fuimos a instalar. Una vez en la habitación, empezamos a buscar la ducha y nos dimos cuenta de que no había, entonces, me fui a preguntarle a la señora Wu, quien nos dijo que la ducha era de las 6 a la 8, cuando el agua era caliente, antes o después, era solo fría. Igual, le repetí que dónde estaba la ducha, pues no la veíamos. Subió entonces a mostrárnosla y la cosa era que estaba en el mismo sanitario, casi encima del inodoro, sin cortina ni nada, pero ni siquiera la vimos. Pensé en cómo bañarse ahí sin que todo se empapara, seguro con varias bañadas uno desarrollaba algún sentido especial para no moverse mucho y no mojar las paredes, el sanitario, el lavatorio, la ventana, en fin, todo el baño.
Bueno, esa noche, con la primera bañada, nos dimos cuenta de que no había destreza que valiera, pues el agua salía de la ducha hacia todos lados y no había cosa que no se mojara.
Como a las 6 de la tarde, el Sr. Wu nos ofreció algo de cenar, pero le dijimos que queríamos caminar un poco por el pueblito y eso hicimos.
Tankou es un lugar "pequeño"comparado con Nanjing, pero lo suficientemente grande como para tener una montaña gigante a su alrededor, hoteles, parqueos, supermercados, etc., todo para atender al turismo que visita la Montaña Amarilla constantemente.
Sin embargo, la parte donde nosotros estábamos recordaba más bien a un pueblo pequeño, con restaurantes sobre todo y fruterías y muchos muchos locales desocupados, acabados de hacer, para que nuevos comerciantes se instalen; es decir, es una villa en pleno crecimiento, con gran desarrollo de infraestructura y comercio.
La mayoría de vendedores maneja algunas palabras en inglés, pues su principal mercado son los turistas, así que se acercaban a nosotros sobre todo para ofrecernos su comida con menú en inglés, mientras que los niños venían a practicar el idioma, preguntándonos muchas veces "what's your name?" y saludándonos cordialmente.
Luego de una pequeña caminata, nos fuimos al hotel del Sr. Wu a comer algo, que no fue precisamente una delicia china, pero sí suficiente como para calmar el hambre e irnos a la habitación, a tomar la primera ducha en el baño manguera.
A las 10 de la noche, más o menos, nos acostamos, pues al día siguiente nos esperaba una buena caminada por la Montaña Amarilla, mucho más grande y agotadora de lo que nos imaginábamos.
1 comentario:
Como me dijo una sabia señora: el sentido común es el menos común de los sentidos. Por eso, no es de extrañar que lo que es lógico para nosotros no lo sea en China; así es la vida...
Por cierto, debiste haberle tomado una foto a la dichosa ducha!
-David
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