sábado

Huangshan 1






Compré un cuaderno en la librería que dice: "viajar miles de millas es mejor que leer miles de libros". Eso es lo que siempre había creído: viajar abre la mente y el espíritu para ver más allá de lo que normalmente tenés en las cuatro paredes de tu casa, tu barrio, tu ciudad, tu país.
Sin embargo, viajar es también agotador en muchos sentidos: en el físico, pues tu cuerpo resiente la falta de sueño y las largas esperas o cargadas de equipaje; en el mental, pues toma tiempo procesar lo que ves, que es distinto a lo tuyo, a lo conocido; en el espiritual, cuando te ponés a dudar de lo que siempre habías creído como verdad única o, al menos, establecida.
Todo esa riqueza y agotamiento los he vivido en solo un mes de estar en China. Hoy hace 30 días llegué y parece que fuera un siglo, pues aquí los días pasan lenta y concienzudamente.
En realidad, para haber pasado solo 30 días, creo que he hecho bastante: casi tres semanas de clases, muchas palabras aprendidas, un primer acercamiento muy rápido a la lengua que me ha permitido, incluso, pedir agua por teléfono y aunque no entendí lo que que me respondió el chinito, el agua llegó a la habitación unas horas después.
Además, José Pablo y yo, los dos tiquillos, hicimos nuestro primer viaje por estos lares, a un lugar bastante turístico, pues es una montaña patrimonio de la humanidad, según la Unesco, hermoso y también agotador, claro.
Nuestro viaje fue de solo tres días, pero tenemos una historia de cada uno para contar, empezando porque el bus de José desde Shanghai no llegó a tiempo a Nanjing, lo cual me llevó a la estación de trenes a cambiar los tiquetes, idealmente para más tarde.
La estación de trenes de Nanjing es un hormiguero ruidoso y confuso, lleno de ventanillas donde se venden tiquetes para muchas partes de China, en diferentes tipos de trenes y horarios, así que tenía que averiguar específicamente en cuál debía cambiar los tiquetes.
Ok, lo primero era preguntarle a alguien, pero ¿cómo digo cambiar? Sé que tiquete es 'piao', pero cambiar no sabía, así que simplemente me acerqué al escritorio de información y le pregunté al hombre si hablaba inglés. Eso lo vimos en la clase, entonces, pude decirlo sin mucho problema.
El y una mujer empezaron a buscar a otra persona que probablemente sí hablaba inglés, pero les expliqué que quería cambiar los tiquetes y me entendieron. Después de cierta confusión sobre el número de ventanilla, terminé en la número 9, detrás de unas 50 personas más que esperaban hacer lo mismo que yo.
Una vez ahí, le mandé un mensaje a una amiga serbia que habla muy bien el chino, para que me dijera cómo decir 'cambiar el tiquete'. Ella me explicó amablemente, así que me sentía lista para la compra.
Sin embargo, de repente, la gente se acercaba a los que estábamos en la fila para ver nuestros tiquetes. Luego de un momento, comprendí que querían ver para dónde íbamos, pero no era solo por vinear, sino porque tal vez podrían comprar nuestros tiquetes, si eran los adecuados para ellos.
Luego de unos 25 minutos, una chica vino y me ofreció comprármelos, por el mismo precio que los había pagado. Me pareció bien pero traté de decirle que, una vez que ella se los llevaba, dónde compraba yo los nuevos, esperando que quizás ella me acompañara; no obstante, nunca me entendió. Me pagó los tiquetes con una feria de 5 yuanes y se fue.
Entonces, quedé de nuevo desamparada entre los cientos de gentes y la veintena de ventanillas. ¿Me quedaba en esa misma o iba a otra? Le pregunté a la chica que estaba detrás mío si hablaba inglés y me dijo que sí -bueno, casi todos dicen que hablan inglés y luego tardan 5 minutos para decirte cuatro palabras, como me pasa a mí en chino-. Le pregunté entonces, dónde podía comprar un tiquete para Huangshan. Me dijo que en la ventanilla de la par, por lo que me moví, aunque dudosa, pues la chica no parecía muy segura de lo que me decía.
Luego de unos 10 minutos, decidí preguntarle a otro chico que estaba detrás mío. De nuevo me dijo que hablaba inglés, pero luego de tratar de comunicarse sin mucho éxito, me aconsejó preguntarle al guardia dónde podía comprar los tiquetes, pues la fila 8 no era la adecuada.
Me fui a preguntar, otra vez, al escritorio principal y me mandaron a la ventanilla 3, donde hice fila unos 25 minutos.
Cuando llegué al frente de la fila, una chica trató de entender lo que le pedía: tiquetes para hoy para Huangshan. Revisó en la computadora y me preguntó que si quería 'sentados'. Le dije que sí y luego dijo que no había más tiquetes para hoy. Teníamos una reservación en el hotel, así que nos urgía irnos ese día, pero bueno, a más no haber, al día siguiente temprano.
Le dije que entonces para el día siguiente en la mañana y me ofreció tiquetes a las 5:30. Pensé que era perfecto para no llegar tan tarde al lugar, así que los acepté y por la mitad del precio que había pagado la primera vez: solo 23 yuanes cada uno.
Bueno, ya teníamos nuestros tiquetes. Ahora debía esperar a que José llegara para volver al Nanshan Hotel a pasar esa noche ahí e irnos muy temprano para la estación de trenes, a conocer la Montaña Amarilla de la que tanto nos habían hablado.
José llegó a Nanjing unos 30 minutos después. Me fui en un taxi a encontrarlo en la estación de buses, pues viajaríamos a la U con un francés que conoció en el bus y que también estudia en NNU.
Una vez aquí, nos fuimos a caminar un poco por los alrededores y a comer algo, en espera de que fuera más tarde para prepararnos para dormir y salir del Hotel a las 4:30 de la mañana.
Nos atrevimos a probar algo de la comida "de la calle", que se vende en pequeños locales cerca de la U. Esa noche probamos una especie de taco -wrap- que preparan con harina, huevo y rellenan con diversas verduras y chilito. La preparación tiene su "ciencia", como pueden ver en las fotos. Es algo así como una pupusa gigante que luego te meten en una bolsa para llevar y cuesta solo 2,5 yuanes cada una. Luego de "cenar", nos fuimos a la habitación a descansar, ansiosos del viaje que nos esperaba por delante.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Definitivamente, cada "entrada" de tu diario es casi como vivir la experiencia con vos (aunque esté muy lejos de ello), pero al menos me solidarizo con tus angustias y emociones... Me encanta revisar tu "blog" para saber que nuevas aventuras nos tenés que compartir. Eso sí, con la de hoy quedé en ascuas, quiero saber qué pasó en la famosa montaña.